¿Se podrá decir más de la vida?
Hay frente a nosotros, duros de corazón, una servidumbre
que abolir, una barbarie que rechazar.
En el insomnio de la Capital, se
escucha gruñir de cerca, gemir de lejos. Y se siente sufrir.
La dureza de los páramos se reconoce en los latidos de una vida inútil. El
hombre al que encontramos a diario, ese al que cada día tropezamos e ignoramos,
ese que en su lucha por sobrevivir está a nuestro lado o frente a nuestro
rostro… ese hombre ¿no sigue siendo, sin embargo, desconocido para nosotros?
¿Qué decía yo del
hombre?

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