El cuerpo sufre en armonía rota entre la
naturaleza y el hombre. ¿Acaso no sufre en este atormentado mundo de
conservantes, colorantes, lactosas o aditivos alimentarios? Aquí y allá, en
medio de mis alergias, descubro una brizna de gluten, el polen de una florecilla del cilantro… Y no solo eso. Un olor nauseabundo parece subir del corazón de la
tierra, mientras la acritud del alquitrán de las carreteras me muerde la
garganta y el ruido de las autopistas, crece, me golpea y me ensordece.
¿El camino de salida existe? ¿Habrán muchas auroras
que todavía no han nacido?
¡Gloria
a Di-s!

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