La vida es libertad
¿Quién ha dicho que la vida es
sueño? Desde que soy libre sentí aumentar mi propia vida. Vivo como nunca al
límite de mis fuerzas, de mi libertad, de mis compromisos, revelada a mí misma.
Para que nos entendamos, siempre
he vivido contra todos y contra todo. Desde los lejanos tiempos de la Amurallada
Ciudad, conservo en mi memoria ciertos rostros de personas sencillas y libres, sin
ganancias, sin codicia alguna, sin ambiciones desbordadas, sin conjuros, sin dogmas religiosas, sin competencia; los veo, los busco, los contempló mi infancia
atormentada: sí, ciertos rostros que no olvidaré nunca. Los vuelvo a ver en mí
con todos sus defectos y virtudes, como si aún ahora los dibujara con el estilete en mí aguafuerte
secreto. Quiero decir, la huella de mi ciudad natal está grabada en mí,
y en lo mejor de mí, orgullosamente. Son mis recuerdos, quiero recordar y echar
mis miserias en total libertad.
¡Qué distinto de los rostros de esclavos en la Capital, ciudad de esclavos, ciegos e invisibles; que para
ellos la vida tiene una esencia material, pronta en incitarme a huir!

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