miércoles, 24 de febrero de 2016




"He venido para mirarte a la cara, de hombre a mujer, y me planto aquí sobre este Viejo Café, en el corazón de esta plaza, queriendo formar una sola alma junto a ti, como aquella mañana.”

Las manos del "otro"  me hablaban con rapidez y claridad.

 “¿Notas en el aire aquel mismo olor a café?”

“¿Te acuerdas de esta canción nuestra?"

“Decirte otra vez cuánto te admiro y cuánto te quiero, resultará vano. Te lo he dicho ya cien veces. Lo mismo que la otra vez, en la mesa de nuestros amigos, te hablé también a ti, ausente. Tenías mi corazón desnudo en la palma de la mano. También hoy lo tengo. Es tuyo. Lo sabes.”

 Y el resto fue silencio impenetrable. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario