La dulzura de la noche se ha transformado en un concierto de chillidos y mi memoria ha reconocido al autor de esa banda sonora.
Con impulso repentino, he arrojado mi dolor en lo profundo del mar donde las olas le pasan por encima; allá lejos en lo remoto de la inmensidad del Atlántico.
Con impulso repentino, he arrojado mi dolor en lo profundo del mar donde las olas le pasan por encima; allá lejos en lo remoto de la inmensidad del Atlántico.
¿Debo recomenzar a vivir? o, ¿debo continuar con mi vida casta encerrada
en el ensimismamiento, viviendo durante años en el mismo sueño, en el mismo
secreto, en el mismo esfuerzo, en la misma esperanza?
Las mujeres libres no deben estar protegidas más que por su armadura de
ascetas; redimidas de culpa.

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