No pasaba nadie...
A lo lejos, bouquinistes
cerraban estanterías llenas de silencio,
cerraban estanterías llenas de silencio,
nidos abandonados por los pájaros.
La ribera del río Sena
quedó solitaria
como la cima de mi corazón.
La catedral Notre Dame de Paris
vista desde aquella ventana,
tenía ese aspecto extraño.

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