Es de noche...
La luz del farol brota junto a mí como un choque eléctrico. El
paso del vigilante y su mirada indagadora me atemorizan. No había encontrado
tanto silencio en las fachadas de las casas y ante las plantas que giran
entorno. Se acerca ciertamente la hora miserable, la hora del derrumbe, del
agotamiento, del desespero. Llega la tarde, viene la noche; y no me consuelo,
no me calmo, no me relajo, cierro los ojos enferma de haber nacido. ¡Quiero morir! Mis hijos,
sin duda, me buscan para los afanes domésticos, es la hora de la cena. ¡Mamá!
¡Mamá!

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