Un día,
encerrada entre sus libros, óleos, y quehaceres domésticos, acompañada por sus
hijos. Tumbada de lado, sobre el sofá
chesterfield cuero-marrón, mirando hacia la ventana, lo primero que vio fue una agradable aparición de un arcángel que parecía pintado al fresco sobre el cielo infinito y
azul. Los colores eran sutiles y suaves con magníficos detalles en plata y
cristales sobre su vestidura de una blancura resplandeciente. Lissa sintió que había
muerto o soñaba despierta. De repente el ángel se acercó a ella y le preguntó:
_¿Por qué
estás triste? _ dijo la voz dulcísima y sonriente.
Desconcertada
fue abrir la boca y un movimiento brusco le hizo expresar una mueca de dolor
que sobre su espalda se agudizaba, más y más.
_ ¿Ves…? estoy contigo_
hablaba tranquilo.
Mi nombre es Gavri´el y no me parece que estés enferma, así que debe haber algo que te esté causando
dolor._
Al escuchar
esto Lissa se sentó a llorar y le respondió:
_ ¿Cómo no
voy a estar triste? ¿Qué quieres que haga? _replicó_
¿si mi vida y mi cuerpo se hallan en ruinas, en enfermedad, en desgracia...?_
¿si mi vida y mi cuerpo se hallan en ruinas, en enfermedad, en desgracia...?_
_¡Vamos,
anímate! Reconstruye tu vida para que ya nadie se burle de ti. ¡Manos a la
obra! ElDios del cielo, grande y
temible, que cumple el pacto y es fiel con los que le aman y obedecen sus
mandamientos, está actuando a tu favor._
_Gracias..._ y se excusó con una sonrisa._
Cuando el arcángel se hubo ido, entonces Lissa, les contó a sus
hijos, sobre la aparición y les relató todo lo que le había dicho y sobre la bondadosa mano de Dios, como había estado con ella. Y al oír esto, sus hijos exclamaron:
hijos, sobre la aparición y les relató todo lo que le había dicho y sobre la bondadosa mano de Dios, como había estado con ella. Y al oír esto, sus hijos exclamaron:
_Mamá, entonces,
no perdamos más tiempo. ¡Manos a la obra!.
Todos felices
la rodearon llenos de afecto y atención, de esta
forma, unieron la acción a la palabra.
forma, unieron la acción a la palabra.
Siete días después de haberse marchado el arcángel, en ese momento empezó a escucharse el dulce sonido del laúd, de arpas, liras, címbalos y panderos, que interpretaban una melodía festiva, y todo la casa de Lissa se alegraba.

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