sábado, 7 de noviembre de 2015





Confieso estar fascinada por una innegable y vasta imagen que perdura en el recuerdo, que se vuelve lujuriosa  y que en el más secreto lugar de mi ser, es fuerte  y resbaladizo, se acerca deslizándose sin ruido sobre la playa silenciosa, de modo que me turba y me abraza, para transformarse en la fuerza de mis deseos de estos años de sufrimiento consentidos y de rebeldía contenida.

Tengo que volver a verte, contemplarte, meditarte, escucharte, respirarte. Tengo que permanecer ante ti, como ante estas montañas de mis aromas:


La Mar, que para muchos y también para mil poetas, fuiste creado.
  


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