Confieso estar fascinada por una innegable
y vasta imagen que perdura en el recuerdo, que se vuelve lujuriosa y que
en el más secreto lugar de mi ser, es fuerte y resbaladizo, se acerca
deslizándose sin ruido sobre la playa silenciosa, de modo que me turba y me abraza,
para transformarse en la fuerza de mis deseos de estos años de sufrimiento
consentidos y de rebeldía contenida.
Tengo que volver a verte, contemplarte,
meditarte, escucharte, respirarte. Tengo que permanecer ante ti, como ante estas
montañas de mis aromas:
La Mar, que para muchos y también para mil poetas, fuiste creado.

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