Lissa,
allí, donde
soñabas sobre la arenilla fresca que calma el mar barulero hundiendo la cabeza al grito del hombre y contra la
tormenta, pero empuñando con vehemencia el libro de tu vida de 700 mil páginas,
sobre las olas y los destinos, más allá del dolor y de la rabia, más allá del
poema y de la belleza, de tenaz memoria.
¿Y no te
vengas, oh Lissa?
En verdad,
en todo eras necia, y ni siquiera te aquietabas en tu necedad. Y algún día
contarás lo que viste, si puedes dominar el horror del infinito horror.
Huye..., luego vuelve.

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