Hacia el SOL
Con terror a los ratones e insectos, pero, rechazando
de mí aquel inoportuno asalto ensordecedor, me agradó estar rodeada de gente
que pasaba y repasaban zigzagueando y aumentando en gran número. Me apretaban a
los costados y durante un instante pensé de nuevo en la palidez de esos rostros chinos. Volvían
a rozarme, gritando con un acento que me
pareció comprender. Y no busqué más allá del regateo de los mercadillos de la seda
en las calles comerciales, sino que me
detuve deliberadamente en la calle Chaoyáng - 朝阳区, en mi domino de antigüedades descubierto de tejas, emprendiendo así mi día imprevisible.

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