lunes, 9 de noviembre de 2015





¡Te has levantado soberbio con infinita cautela! ¿Ante quién? ¿Ante qué presencia te elevas sobre la miseria y huyes dejando un largo rastro con olor a miedo y sabor salobre? Pues bien, no sabes que responder.

¡Basta! ¡Basta! ¡Basta! 

Más bien, accede a parecerte a mí si vienes  a consolarme...

"No soy más que una cartagenera que ha quedado abandonada en una montaña. ¿Quién se acuerda de aquella mujer triste y prisionera en su jaula de oro?"

 Ahora, baja el donaire de tu cresta crepitante como la sal, y tu ola se iluminará.

¿Nos volveremos a ver antes de que decline el sol? 

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