¡Te has levantado soberbio con infinita cautela! ¿Ante quién? ¿Ante
qué presencia te elevas sobre la miseria y huyes dejando un largo rastro con
olor a miedo y sabor salobre? Pues bien, no sabes que responder.
¡Basta!
¡Basta! ¡Basta!
Más bien, accede a parecerte a mí si vienes a consolarme...
"No soy más que una cartagenera
que ha quedado abandonada en una montaña. ¿Quién se acuerda de aquella mujer
triste y prisionera en su jaula de oro?"
Ahora,
baja el donaire de tu cresta crepitante como la sal, y tu ola se iluminará.
¿Nos volveremos a ver antes de que
decline el sol?

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