¿Quién está ahí?
Sigiloso se acercó un gato que la noche borró y al retirarse, pareció llevarse la más secreta esencia del bosque de mi alegría. Me senté, herida, no desde dentro sino desde fuera, mientras aquel bosque que se revestía de formas con las sacudidas del viento o se convertía en estatuas pétreas levantadas sobre un museo nocturno erguido sobre el corazón de La Capital, al otro lado del silencio; el ruido ensordecedor de la moto-sierra, presente y real sobre los eucaliptus, los cipreses rojizos, los pinos sanguinolentos que se deshacían sollozando, doloridos en el mutismo, me desarmó.

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