jueves, 5 de noviembre de 2015

En la agonía de la tarde, cuando me dispuse a subir al ático para espiar la Capital, apareció a lo lejos la cordillera recortada por una nube espesa dentro de la doble montaña. Respiré su aliento secreto, que para mí, vive en su campo arado y entre los eucaliptus enfermos de otoño. 

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