domingo, 15 de enero de 2017







Carta a la abuela que nunca llegó a su destino...


Explorando en el lindero de la vida lo que es innoble, recuerdo uno de los sobresaltos mezclados de holocausto y abnegación en el cual, ardió la víctima y mi vida entera:

Mi pensamiento corre hacia la madrugada. La guía turística, tocando la puerta de la habitación del hotel. Desganado y soñoliento, mi esposo se levanta del fondo de la suite. Los segundos son lentos y veloces. El reloj indica la hora exacta en que partiríamos de Budapest hacia Croacia. Él está fijo, no parpadea, no traga saliva como ciertas figuras de los museos de cera. La mujer de rojo se sienta al volante de la Kombi Van. Son las seis de la mañana. Las calles están desiertas y relucientes. Por las ventanillas aparecen los castillos enormes, oscuros, con sus torres cuadradas. Dormitan las pequeñas ciudades blancas en torno a la calma del río. Dormita él, mi esposo, en el féretro de acero y ruedas. El silencio es sepulcral. Tanto más lento es el tiempo cuanto más rápido late mi corazón. Estoy inquieta y feliz. Respiro con la cabeza inclinada sobre la palma de la mano derecha, sintiendo ese olor a Venecia y de colinas sobre la aurora matutina. Llevo en la mano izquierda, con el mismo gesto religioso de quien sostiene una fina copa de cristal, la carta desbordada de toda aquella apagada vida de papá, pero llena de abrazos.

Volviendo un poco hacia atrás, había grabado en mi corazón el instante en que papá agarrado del vehículo trataba de abrir la puerta y entregarme aquella carta. Abrí la puerta antes que él. Su rostro estaba casi a la altura del mío. Sólo ése instante, allí donde el hombre parece eliminado, era igual al azar y al aliento de vida. Un momento de profundo e irrespirable exilio que quiero consagrar y recordar: 

Con latido mesurado, el corazón de papá va encarando la adversidad con ese anhelo de poder comunicarse con su familia perdida. Tranquilo, atento para no cometer error alguno, decidido a recuperar su vida, me dibuja en un pequeño trozo de papel un mapa con señales en dónde podría encontrar la lejana casa de piedra que a duras penas lograba recordar. Allí nació, vivió su infancia y los vio por última vez, antes de su exilio en la Segunda Guerra Mundial. Y con ese gesto paternal, generoso, tan suyo, me pide que lleve una carta a la otra orilla, con su mensaje de desventura, con la escritura más o menos deforme según el grado de sufrimiento, con bruscas interrupciones y agitadas frases. Me pide leer el texto escrito en las peores horas de su angustia. Las frases, soltándose de las líneas, se han revuelto todas. Las leo fijamente sintiendo en ella, todo el odio al holocausto; un sacrificio en el cual la víctima se convierte en su propia hoguera llameante. Palabras extrañas que parecen ser trazadas por el poder del fuego incendiario entre la vida y la muerte; holocausto que se iba disolviendo en negro silencio.

Temblando ante aquellas líneas de palabras dispersas al viento, lo conforté con la promesa de que llevaría la carta a su destino y de que no se la enseñaría a nadie más que a su madre, mi abuela. 

Vuelvo al final: como la costa Adriática es muy escarpada, ella explicó que era mucho más cercano llegar por otro camino en vez de tomar la del nivel del mar, y sin vacilar se desvió hacia la otra margen de la carretera. Pero en esa aventura, en breve, surgió no sé qué ávida violencia en la mirada y gesto de mi esposo, que forzó a la guía turística tomar de nuevo el camino de regreso. Llamas y chispas volaron en el torbellino de mi alma. Hubo allí, en aquellos últimos instantes del frustrado viaje, desilusión, discusión, desengaño, luego un silencio, una cerrazón, una carta sin destino y una figura final: la de mi padre.  

Creo, que ese fue el último dolor de papá, la carta que nunca llegó a su destino, el final de la vida que no señala nada, que ya no mide nada, sólo los metros de profundidad midiendo metro por metro el descenso al sepulcro.



Tumbada sobre la cabecera de mi cama, vuelvo a releer aquellas páginas olvidadas... ¡Oh corazón soporta!


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