Conviene que vueles
Hoy, en su primer día de labor; cuando por fin, se
hubo totalmente arreglado para salir…
_Mamá… _la voz de mi hija, que me llamaba, me reconfortó
lo suficiente para extender mis brazos hacia ella, y abrazarla.
_Estás hermosa _ le animé.
Pues bien, me encantó el buen aspecto y elegancia
que tenía, lucía delgada, esbelta, airosa como toda una ejecutiva en sus veintitantos años y, además,
muy bien llevados. Y se acercó con una amplia sonrisa:
_ ¡Estoy feliz y nerviosa a la vez!
En verdad, me sorprendió, que antes de que terminara sus estudios de
pre-grado, haya sido contratada en un proyecto universitario haciendo parte de
la Maestría en Periodismo. Creo que le hablé de su compromiso y lealtad con su labor, con sus jefes, con la institución académica, como se habla
del amor, y no a la manera de esos enigmas engañosos, que por similitud al
intérprete, se enseña, en el nuevo
orden de los valores en el campo del ascetismo moral cristiano, que la labor debe ejecutarse renunciando a sí mismo. No puedo más que pensar de distinta forma: que sujeto a los verdaderos valores, la labor debe ejecutarse con
firme y consciente esfuerzo, aunque sean tareas de rutina, y, de este modo, se
obligaría al tedio, convertirse en un obrero luminoso o en un artista radiante.
Amanecía con una luz cálida y dorada. Desde la ventana entreabierta y cubierta de ramas, se sentía el olor a eucaliptus del jardín. Era una especie de gran acontecimiento familiar. Allí estaba ella libre, con su voluntad creadora, su amor por la causa, y entre tanta bajeza y tristeza buscando la razón de vivir, de crear, de entregarse para alcanzar sus sueños, con su corazón de creyente y con sus manos hacedoras.

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