lunes, 16 de enero de 2017






Conviene que vueles

Hoy, en su primer día de labor; cuando por fin, se hubo totalmente arreglado para salir…

_Mamá… _la voz de mi hija, que me llamaba, me reconfortó lo suficiente para extender mis brazos hacia ella, y abrazarla.

_Estás hermosa _  le animé.

Pues bien, me encantó el buen aspecto y elegancia que tenía, lucía delgada, esbelta, airosa como toda una ejecutiva en sus veintitantos años y, además, muy bien llevados. Y se acercó con una amplia sonrisa:

_ ¡Estoy feliz y nerviosa a la vez!

En verdad, me sorprendió, que antes de que terminara sus estudios de pre-grado, haya sido contratada en un proyecto universitario haciendo parte de la Maestría en Periodismo. Creo que le hablé de su compromiso y lealtad con su labor, con sus jefes, con la institución académica, como se habla del amor, y no a la manera de esos enigmas engañosos, que por similitud al intérprete, se enseña, en el nuevo orden de los valores en el campo del ascetismo moral cristiano, que la labor debe ejecutarse renunciando a sí mismo. No puedo más que pensar de distinta forma: que sujeto a los verdaderos valores, la labor debe ejecutarse con firme y consciente esfuerzo, aunque sean tareas de rutina, y, de este modo, se obligaría al tedio, convertirse en un obrero luminoso o en un artista radiante.

Amanecía con una luz cálida y dorada. Desde la ventana entreabierta y cubierta de ramas, se sentía el olor a eucaliptus del jardín. Era una especie de gran acontecimiento familiar. Allí estaba ella libre, con su voluntad creadora, su amor por la causa, y entre tanta bajeza y tristeza buscando la razón de vivir, de crear, de entregarse para alcanzar sus sueños, con su corazón de creyente y con sus manos hacedoras.

Es dulce recordar, desde mi hogar, mi altar, el largo esfuerzo, las luchas, las penas, los sacrificios, las dificultades, la soledad, las caídas, no sin alegría, sintiendo revivir mi fidelidad hacia esos hijos; prolongándose en el pasado y más allá. Por eso al llamarme la mejor mamá, no peco por exceso de orgullo. Aunque de todas maneras, vuelvo y lo repito, el exceso puede serme perdonado.


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