Es muy
difícil para un artista aislarse. Los tumultos y torbellinos nacidos dentro de
él por la fuerza creadora, como en el verso nerudiano, apasiona su alma y va fluyendo desde
la punta de sus dedos y no sólo los dedos, el ojo, la mano, el color de la inspiración
que hacen de su creación un cuerpo vivo, huérfano del artificio inútil.
Y
así, en continua labor, plasma sobre el lienzo un soplo, luego, la vida que
palpita y se bebe a través de las pupilas donde el trazo y color no nacen de pinceladas,
sino, de la VIDA MISMA

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