domingo, 5 de abril de 2015

Desde el áTICO


Asomada a la más alta ventana, se abre ante mí la esplendidez del Universo que se precipita como torrente celeste. 


Siento en mí a mi Di-s...

Me llega el viento con sus aullidos, 
brota trémula la lluvia, 
crujen las vigas, 
tirita la ventana y gritan los niños. 

Y al contemplar el humo de las chimeneas de las casas que en lo alto trepa al suave oleaje de las tejas de barro, la luz que brota con el amanecer y una enorme soledad, discurren entre las largas líneas cenicientas de la autopista. Todo, medio oculto, entre los altos eucaliptos con su interior desolado, y mientras la campana susurra su dulce tañido, oigo cantar la torcaza, un canto que tiene el olor de los humedales y el gozo de la pena.

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