jueves, 2 de abril de 2015

MACHOTE



Una mano tiene el pulso sobrio del color que borra, puntea y demarca los perfiles. La otra con ojos surrealista, traza las formas sobrepasando un poco a la izquierda con un deseo loco de lanzar torres y agujas hacia el azul. La izquierda con sus dedos extendidos, tensa la línea; mientras que la derecha estampa allí su sello que equilibra los sueños. Es dura la ejecución que escapa de la mano débil, que parece haber perdido la medida en la línea de horizonte. Luego, las manos creadoras recorren las últimas notas. Y cuando cesan de extraer de la punta del lápiz la máxima sonoridad como la de una orquesta comprimida, se afina en el dibujo un diseño melódico que penetra la creatividad y excava las formas necesarias para el nuevo proyecto. Todos los trazos se transforman de repente como cuerda tocada en la profundidad de los espacios de una arquitectura que brota del canto, se afirma, hiende el cemento del silencio sobre el hormigón armado y sobre la ciudad futura.

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