Las soledades florecen en la hora pensativa
De ensueño en ensueño, sobre el lecho, saboreo divinamente mi
propia soledad.
- Desnuda, mística y sensual.
Soy feliz sintiéndome sola, de
estar sola.
Luego pasan las horas, suena la hora del amante, la hora citerea,
que yo llamo en su espíritu secreto,
- La hora de la ilusión
Y sigo estando sola. Sola en el colmo del ayuno ritual. Y gozo
y sufro. Junto a mí están los fantasmas ociosos. Y sobre los cristales iluminados, un golpe de viento húmedo, rige el silencio, mientras la lluvia fina mitiga, y, no se ve nada todavía. Sobre la claridad se dibujan las
masas oscuras. Y bajo la luz senil de la
lamparita encubierta, en el fondo de la oscuridad, llega a mí, surcando la
espesura de mis recuerdos, navegando mi vida, que se dobla a un lado y a otro,
tocando con sus crestas volcadas, la fría montaña,
- ¡Oh nostalgia, nostalgia!
¿Me traes de nuevo de tan lejos lo que tanto me pesa?
- ¡Oh, deja de herirme!

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