jueves, 2 de abril de 2015

VUELVO AL LáPIZ ROTO / 7 de enero 2015, ocurrió en París


No sentí jamás tanta tristeza al despertarme. Lo que he sentido no se expresarlo ni representarlo. 

La ciudad está llena de fantasmas. Los hombres caminan sin ruido envueltos en bruma. Los autos con su vocerío estridente se desplazan en la humosidad. Algún alboroto. Parece que la lentitud de los siglos no bastara para detener las remotas y aún presentes tragedias y catástrofes dirigidas a todos sin parar, y con tal realismo virtual, que arrancan aceleradas palpitaciones y voces de asombro. Vistos de cerca en cada esquina, en cada plaza, en cada lugar del mundo 'civilizado'. Imágenes nacidas de las más baja materia, nacida por entero en el cerebro ruin, lapidario, delirante, de cierto espécimen salvaje e inhumano. 

Un Dios que necesita que su creación "lo vengue de las sátiras", que no son más que símbolos y huellas del grafito de un lápiz plasmado en una lucha vencida a fuerza de «memes» delirantes e ilustrativos, ¿en qué penosa postura lo igualaríamos, entonces?  

Me conmueve profundamente como si estuviéramos todos reunidos en un túnel sin salida y escasamente iluminado, sin un guía, sin la mano gigante de Dios. Pero, ¿cómo hace Él, para proveerlo con el resto de su grandeza, mientras el lápiz gotea sobre el rostro y los cuerpos están allí tendidos, cercanos al tormento de los tóxicos y dramas mentales, demoledores y desesperados, de una cultura inmigrante que vuelve y que está presente en el fanatismo religioso y en donde la vida no tiene más valor que un arma que el puño aprieta esperando arrojar su ráfaga encendida de lluvia mortal o, la daga decapitadora de carne humana, en donde solo queda vivo el corazón?

Mi dolor está asiduo al trazo deshecho del lápiz. Me encuentro sentada aquí donde mis lápices trazan sueños en sus matices de mil y mil colores y de cuando en cuando se levantan ante los gritos de terroristas enronquecidos bajo la niebla salvaje, como surgiendo de tumbas ardientes desde el infierno, continuamente en actividad. 

El anuncio de metáforas y viñetas seguirá presente, como un rayo, en los valores fundamentales de la cultura Occidental, y tristemente lo ocurrido, quedará remoto como el recuerdo de un episodio más. No es ya una aparición; es una presencia continua que avanza, que se acerca… y, que está en medio de nosotros. Pero, hay un lugar del alma donde el trazo negro del lápiz y el de color, confluyen. Es el lugar donde las imágenes se reflejan por la eternidad. 

Y me parezco a «Charlie Hebdo» hasta en la herida. Y así, su muerte y su herida seguirán siendo una misma cosa.

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