jueves, 2 de abril de 2015

elmásHUMILDEelmásOSCURO


Voy camino a casa entre la incontable luz y sombra de ráfagas de
cielo que atraviesa la balaustrada neo-clásica llegando a un palmo
de mis rodillas, sufriendo metamorfosis.

Las recorro lentamente, para no chocar contra ellas y poder pasar,
mientras huye la escena que parece disiparse en una zona de luz
silenciosa de un Café francés.

Me contengo de volverme, de hacer movimiento alguno, por temor
a que cambie de parecer y pueda traspasar nuevamente el umbral
agitado. 


No siento remordimiento sobre el corazón desgarrado. No olvidaré
nunca el espectáculo repugnante. No se apartará nunca de mis ojos
la afrenta. 

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