viernes, 8 de enero de 2016


Al otro lado de la arbolada orilla, la montaña se agazapa bajo un reproche de nubes que se despedaza y se expande. Cada lugar tiene el espíritu que hurta lo poético entre el tiempo y las bogas; y, cada instante posee  algo inaccesible y sagrado. Es un día místico. Han transcurrido ocho días, y otro año se precipita, luego otro, y así sucesivamente todos los demás. Su paso es sutil, su presencia es impalpable sobre mi destino, lejos, en la tierra inmóvil. 


Respirando de nuevo a pleno pulmón el azar y el sacrificio; estremecimiento del alba. 

¡Déjame ver el alba! 

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