Me busco y me rebusco en esta imagen durante mi permanencia
en París, alrededores del trendy barrio Le Marais.
Me encuentro allí en la cúspide del alma que vuela bañada por
el llanto hacia la tierra áspera donde nací, entre dolores de parto, de mi primer hijo que nació muerto.
Días antes había sido sepultado bajo aquel árbol de caracolí,
junto a la quebrada.
Aquel pedacito de carne que no pude acunar entre mis brazos,
sobre el pecho.

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