¿Sin esperanza?
Y aunque intento ver conforme a la visión divina, en
la noche que declina, entre tantas apariencias, el ojo es grande, agrandado por
su naturaleza voraz y por la visión continua cercada de sombras, porque vive
de sí, en sí, como algo que se abre insaciable en la cúspide lujuriosa y no
tiene relación alguna con la contemplación.
Al menos en esta hora en que la vida no es sino una
acción mutua entre nuestros ideales y nuestras necesidades, hubiera querido
encontrar la virtud de aquellos ojos sino estuviese ahora ya sellada o quizá
vuelta hacia otros misterios.

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