domingo, 31 de enero de 2016




¿Sin esperanza?

Y aunque intento ver conforme a la visión divina, en la noche que declina, entre tantas apariencias, el ojo es grande, agrandado por su naturaleza voraz y por la visión continua cercada de sombras, porque vive de sí, en sí, como algo que se abre insaciable en la cúspide lujuriosa y no tiene relación alguna con la contemplación.

Al menos en esta hora en que la vida no es sino una acción mutua entre nuestros ideales y nuestras necesidades, hubiera querido encontrar la virtud de aquellos ojos sino estuviese ahora ya sellada o quizá vuelta hacia otros misterios. 

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