Una vez más desde la lejanía insuperable todo se vuelve presente y vivo, todo palpita y sangra, todo es decepción y enojo
de aquellos años vergonzosos que se encienden con sobresalto. La tormenta sigue
en mí y debo purificarme. ¡Vamos, agua, trabaja! ¡Vamos despercude las
asperezas! Siéntate, Lissa. Piensa en que vuelves a encontrar aquí la pureza que
había en los manantiales del desierto. Un baño necesario para la plenitud del
perfeccionamiento.
El baño tuvo el color de las heridas y
el sabor de la sangre. Y la más leve de su sonrisa infantil apareció al
final de su dolor.

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