viernes, 8 de enero de 2016

¿Ante quién te purificas?


Una vez más desde la lejanía insuperable todo se vuelve presente y vivo, todo palpita y sangra, todo es decepción y enojo de aquellos años vergonzosos que se encienden con sobresalto. La tormenta sigue en mí y debo purificarme.  ¡Vamos, agua, trabaja! ¡Vamos despercude las asperezas! Siéntate, Lissa. Piensa en que vuelves a encontrar aquí la pureza que había en los manantiales del desierto. Un baño necesario para la plenitud del perfeccionamiento. 

El baño tuvo el color de las heridas y el sabor de la sangre. Y la más leve de su sonrisa infantil apareció al final de su dolor. 

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