Puerta de Oriente
_No creas que es un cuento de hadas. Si cierras los ojos y
te transporta al medioevo entre veladuras, Myriam y Zarif están ante
nosotros en el taller de pintura de la Academia Bellas Artes. Un
ambiente casi doméstico donde el «gótico flamenco» y lo contemporáneo se
armonizan para obtener obras llenas de un profundo romanticismo y expresadas
con naturalidad._
Ubicado en un pintoresco lugar de
pequeñas dimensiones, Plaza del Ayuntamiento de Brujas, fue allí donde se
conocieron frente a la estatua de Los Amantes tomados de la mano y a punto de
besarse. Están delante de nosotros igual que la estatua esculpida por los
artistas Stefaan de Puydt y Livia Canestraro; erguidos con
sus máscaras y velos, con todas las heridas abiertas, con todas sus
magulladuras y con la huella visible del antisemitismo. Y detrás de
ellos, mudos bajo el cielo, los vivos de otras razas, religiones y
culturas.
Él lleva una 'kufiyya' azul de prusiano envolviendo su cabeza
para protegerse del frío y ella, mujer alta y delgada, viste de pantalones
"blue jeans", sujetos con un cinturón y delantal en forma de blusa,
en donde el amarillo es una especie de “fuego ondulado” sobre el pelo que ilumina
también su paleta influenciada por los colores del Impresionismo, en su
estilo tan personal. Myriam totalmente enamorada, transforma a este hombre
"moro" en su modelo:
"Retrato del hombre de la artista"
_¡Ah! Realmente empiezo a aburrirme de mis horas de clásica
meditación. Y mejor que tanta palabrería quisiera describir aquella noche
romántica de Festival sobre el Lago del Amor_:
A través de
un paisaje calmo y hermoso, caminan en silencio los amantes Myriam y Zarif recorriendo el canal Dijver, llevando la mano izquierda sobre la cintura de su
amada y la derecha sobre el pecho metida entre los dos botones del largo gaban
azul rey. Brujas parece superar la más purpúrea noche en su magnificencia y dulzura
ofreciendo el espectáculo de una ciudad que respira serena y suavemente, siglos
gloriosos. Es la hora del paseo y bajo el puente del Beaterio, sobre los sucios
canales convertidos por la guerra en muertas orillas del infierno, pasan la
barcas a la vista del Belfort. Luminosamente el campanario de
las Hallen reaparece nuevamente en epifanía de amor recortando el
horizonte de la ciudad al toque de campanas ensordecedoras sobre la plaza Markt.
_¿¡Qué manos, más que las de estos jóvenes, dulces enamorados,
son dignas de levantar la copa de amor, dueña de aquel destino de fábulas en
las mil y una noches de amor!? ¡Oh bella aventura, dulce fantasía!_.
Un pasado cultural e histórico confluían hacia el futuro, era el
destino de estos amantes que se habían encontrado proféticamente. ¡Bendita sea
la hora! Myriam y Zarif unirían sus nombres ocultos, en el Amor
Pronto
se enderezaron mis oídos impacientes, a los gritos desnudos y ante
la inesperada irreverencia que rompería la censura, con un perfecto español.
Y breves palabras fueron pronunciadas:
_"¡Brindo por el Amor! ¡Brindo por los países hermanos!
¡Brindo por las naciones perseguidas y cautivas de la otra orilla! ...y por la fe
profesada"._
Y así el amor
se fue volando a través de los mares de 7 colores... Y por primera vez Myriam,
viéndose ante la realidad de haberse unido en matrimonio católico con su amado, aún
contra el parecer de las familias, se vio discutiendo durante
el viaje con aquella franqueza de los tiempos modernos. ¿¡Qué le
dirían a sus padres!? Finalmente dijeron a sus padres:
_"Es nuestro amor, profundo, grabado en sellos sobre
nuestro corazón, como una marca sobre el brazo." (Cantar de los Cantares); ...eso
que llamamos hoy y para siempre, en el lenguaje de todas las naciones: Amor
Tantas fueron las predicciones, las señales cargadas de destino,
que al igual que las altas espumas del mar, el amor se alzó alcanzando la
sublime belleza, solo para romperse como ola, sin rebotar. En vano, se esforzaron en mantener erguida aquella
cresta nacida del alma, en la que se unieron espacios desconocidos entre el
cielo y el mar; para, luego, finalmente, morir el amor, violado, desgarrado,
hollado con ferocidad en el día maldito; ése, que me entristece recordar aquí:
Antes de la
muerte de Zarif ocurrido en un accidente de salto en parapenter,
los densos vientos del espíritu, esa ráfaga que está en nosotros, que en nosotros la
llevamos, debilitó a la dulce Miryam quien renunció al apellido de su amado para
asumir, otro, sacado del glorioso muro de los lamentos, en otro día de fiesta.
¿Magnífica Redención?
Hoy, en la Capital; allí, muy cerca, al otro lado de la
Sinagoga, en la Gran Avenida de la Aljama o barrio judío, como testimonio fiel,
como señal de un inextinguible sentimiento de libertad y amor de aquel amante,
se levanta desafiante, quizá, como prohibición de lo alto, la
réplica lapídea de una mezquita que durante mil y una noches arquitectos
iraníes, construyeron.
Este remedo islámico de pomposa fantasía oriental y de
brillantes mosaicos azules, permanece anclado como “oasis” en medio de
altos edificios modernos de rojos ladrillos, en memoria de Zarif. Está
enchapado en sus muros, con arabescos, simbolizando el infinito que se extiende
más allá del mundo material visible, con textos escritos en caligrafía árabe,
proverbios y amplios pasajes del Corán. Un mihrab en su interior, ricamente
decorado, se enmarca dentro de un amplio salón comercial de tapetes persas,
como 'pasaje a La Meca'; y en la fachada principal, realzan como antorchas dos
altos minaretes que parecen iluminar la Gran Avenida Estado de Israel y la
escultura en piedra de la Menorah, sobre el «boulevard».
¿Magnífica construcción?

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