viernes, 29 de enero de 2016



Vuelvo a la montaña, a mi descanso terrenal. Aquí moriré. Todos los sinsabores de la vida citadina, de esa otra vida, quedaron atrás. Conduzco, conduzco... Conozco los lugares: Tres cabañas, tres granjas, muros de tapia pisada, esa masa ocre de barro apretado que se agrieta, aquí y allá. Entro a través del claustro agreste a una era abandonada donde hace muchos años no se cultiva flores ni hortalizas. El tiempo, en la casona agrieta los muros, carcome la madera. Me adentro en la sombra rancia del corredor huyendo y no sé a dónde huyo, si dentro o fuera de mí. 

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