Vuelvo a la montaña,
a mi descanso terrenal. Aquí moriré. Todos los sinsabores de la vida citadina, de
esa otra vida, quedaron atrás. Conduzco, conduzco... Conozco los lugares: Tres
cabañas, tres granjas, muros de tapia pisada, esa masa ocre de barro
apretado que se agrieta, aquí y allá. Entro a través del claustro agreste a una
era abandonada donde hace muchos años no se cultiva flores ni hortalizas. El tiempo, en la
casona agrieta los muros, carcome la madera. Me adentro en la sombra rancia del
corredor huyendo y no sé a dónde huyo, si dentro o fuera de mí.

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