Cielo del Este
Cuando me levanto, la ansiedad por descubrir el
fondo de la montaña, me hace caminar por encima y por debajo en diferentes espacios descendiendo, tanteando y volviendo a tantear. Un día observé a una profundidad de
treinta metros algo claro y redondo como un aguamala montañés, en medio del paisaje que es
variable, de luz engañosa. Pero esa claridad difusa que se originaba en lo alto, tal parecía ser la luz de no sé qué espiritualidad fecunda de la eterna muerte de
hombres solitarios con ojos sin mirada, que seguirán viviendo, abiertos al
espectáculo del mundo.

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