martes, 12 de enero de 2016



 Cielo del Este
Cuando me levanto, la ansiedad por descubrir el fondo de la montaña, me hace caminar por encima y por debajo en diferentes espacios descendiendo, tanteando y volviendo a tantear. Un día observé a una profundidad de treinta metros algo claro y redondo como un aguamala montañés, en medio del paisaje que es variable, de luz engañosa. Pero esa claridad difusa que se originaba en lo alto, tal parecía ser la luz de no sé qué espiritualidad fecunda de la eterna muerte de hombres solitarios con ojos sin mirada, que seguirán viviendo, abiertos al espectáculo del mundo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario