viernes, 8 de enero de 2016






¡Ningún bárbaro podrá extinguirte!
Algo salvaje y peligroso se ve entre la claridad de la niebla que amenaza con latigazos de lluvia. Es el ruido de los taladores polvorientos que desgarra el aire pesado. Una inmensa pila de troncos se aprieta, se amontona y se esparce a la orilla del camino, empujados por fuertes gritos. Son mil, son dos mil, son tres mil; mientras un cóndor se inclina sobre el petigrís muerto en el camino. Y, pareciendo no encajar con la naturaleza de frío, hambre y cansancio montañés, un perro libre de cadenas corre ágilmente entre lo profundo del bosque.

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