La montaña sigue siendo desierta. Está allí, sinuosa, con
sus largos lomos verdes. Dentro de unas horas, la noche silenciosa y las huellas
de humo de chimeneas caerán sobre la soledad como estela luminosa de mi
sentimiento, mientras se encienden los haces de luz que escrutan el cielo y el
bosque hostil. A esta hora no hay un alma viviente hasta la primera luz de la mañana. Todo es aire y bosque. La montaña ha adquirido una calidad volátil
semejante a una visión interior, semejante a una de esas imágenes que la poesía
ilumina en la profundidad de mi tristeza.

No hay comentarios:
Publicar un comentario