Días
después de luna nueva...
De la montaña no veo más que las densas copas de los árboles, como filas y
filas de lanzas que desgarran las nubes y mascan la plata del anochecer, lo trituran y lo devoran. Me penetra el aire. Soy de aire libre y de alma. Me dejo
llevar por el viento montañés que me trae el olor de los bosques blanqueados sobre morado, por la luna creciente. La luna desaparece en los filos de las
nubecillas que la decapitan.
Voy al encuentro de la noche, de mi noche y del mundo
girando alrededor de mis sueños.

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