Misterio de la Noche
Allí
estaba entre las montañas, sus libros y su Café, enamorada del pálido crepúsculo. La
noche exultante la había tomado entre sus brazos para no dejarla morir. Velos
constelados de aroma se sucedían sin pausa como heridas humeantes, épicas. Horas
lejanas, horas de soledad, de embriaguez, de deleite.

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