miércoles, 6 de enero de 2016


En la altura el frío es brutal

Al otro lado de la Capital me dirijo hacia el horizonte que es principio de un largo camino en el que persiste el olor a ciprés. Lo sigo durante un largo trecho en completo silencio. No se escucha nada aparte del viento azul de la montaña que parece traer los sonidos de cuerdas de la lluvia tardía; y; no sé por qué, el corazón se me ha calmado, pero muero de tristeza. 

Hablo desde la montaña, no hablo bajo la lluvia. Cuando se habla demasiado, se ve demasiado poco. 

Soy toda de hielo.

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