En
la altura el frío es brutal
Al otro lado de la Capital me dirijo
hacia el horizonte que es principio de un largo camino en el que persiste el
olor a ciprés. Lo sigo durante un largo trecho en completo silencio. No se
escucha nada aparte del viento azul de la montaña que parece traer los sonidos
de cuerdas de la lluvia tardía; y; no sé por qué, el corazón se me ha calmado,
pero muero de tristeza.
Hablo desde la montaña, no hablo bajo la lluvia. Cuando se habla demasiado, se
ve demasiado poco.
Soy toda de hielo.

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