Estoy cansada. Los ojos me arden, como cuando la espuma
de la ola azota el rostro. Siento la
voluntad no en mí, sino sobre mí invadiendo todo mi ser. Tal parece que mi
voluntad no puede transmitir movimiento a mis pies, y mi mano trata de levantarse para apartar
las sábanas.
Quiero hacer un libro, escribir para mí, para mí sola, para
mi propio placer, para juego mío, para mi búsqueda. También deseo ir allá lejos donde nace el sol.
Escucho el sonido levísimo de unos pasos ligeros. Me salta
el corazón. Me mira, me habla.
No sé quién es.

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