El gato de la montaña
—¿A mi casa? ¡Ni de fundas! Eso sí que puede decirse que es meter el gato entre las palomas.
—Y yo te digo, bajo juramento de verdad y de pureza, que con este gato está el cielo.
—Y yo no me honro de ello. Ni meto las manos en la candela por tu persona. Créeme.
—¿Quién no envidiaría ese gesto de generosidad?
Ya sabes que mi respuesta “No” no sale de la risa de un joven de blancos dientes.
Si adoptas este gato, la belleza de tu causa conmoverá todos los corazones.
_¡Aquí estamos muy bien!_
La montaña, Sábado, 12 de diciembre de 2015

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