Anochecía
Vaciada por dentro, salí a fumar un cigarrillo en la oscuridad de la colina lóbrega y boscosa.
En el silencio profundo, todo lo demás dejó de importar.
El tumulto de la Capital se confundió en mi presencia,
se debilitó,
se desvaneció.
Entonces surgió un recuerdo de gran valor espiritual:
la primera huella secreta del alma,
mi verdad incomunicable.
Esta noche, al evocarlo, comprendo que desde entonces
el rubor de aquel secreto no ha sido extraño a mi destino.
Incluso me revela por qué hay tanta severidad en mi sensualidad
y de qué alimento, en el fondo, vivo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario