sábado, 12 de diciembre de 2015







La montaña, nos manda a permanecer firmes:

¡Nadie podrá moverme de aquí!

Por mi parte, no saldré viva, ni saldré muerta.

Simplemente deseo tener aquí mi tumba y convertirme en una sola unidad con esta tierra bendita.

Desde el primer día, aquí he respirado el viento de libertad; y aunque he arrastrado la infamia de mis penas, he vuelto a palpitar de alegría.
He encontrado la verdad, como también reconocí la mentira que ronda sus contornos.

Su belleza conmovió mi corazón.
Por eso lo afirmo: convenía haberme consolidado sobre esta tierra sólida.
Y lo repito, con la frente en alto:

¡Aquí estoy muy bien! 

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