La montaña, nos manda a permanecer firmes:
¡Nadie podrá moverme de aquí!
Por mi parte, no saldré viva, ni saldré muerta.
Simplemente deseo tener aquí mi tumba y convertirme en una sola unidad con esta tierra bendita.
Desde el primer día, aquí he respirado el viento de libertad; y aunque he arrastrado la infamia de mis penas, he vuelto a palpitar de alegría.
He encontrado la verdad, como también reconocí la mentira que ronda sus contornos.
Su belleza conmovió mi corazón.
Por eso lo afirmo: convenía haberme consolidado sobre esta tierra sólida.
Y lo repito, con la frente en alto:
¡Aquí estoy muy bien!

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