Mudable
Bien sabía ella emular a la mujer casta,
como un velo de muselina usado de quitasol.
Aunque en su mente,
y bajo la envoltura de su piel,
se le escurrían a hurtadillas
placeres y aromas.
Su gracia era deleite
en el juego de camaraderías
y en las íntimas uniones fraternales
con sus amigos.
Luego volvía a sumirse
en el remolino sutil
de sus envolturas tristes:
azurita y grises.
Dedicada a ser desconocida,
diáfana,
como el espejo donde se mira su melancolía.
¿Quién podrá adivinar
lo que de ella ha querido esconder?

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