¡Que mi Dios nos ayude!
Anoche, como en los más bellos días, en una de esas noches de diciembre —de luces artificiales, canto, alegría y gozo— las estrellas se posaban en mi triste corazón. ¿Lo ves?
Un batir de alas se alejaba en una hora de incertidumbre para La Nación y su destino, que a más de uno nos parece oscuro.
¿Era una señal del cielo?
Las estrellas no habían brillado tanto como a esa hora, pero parecían más distantes.
¿Por qué querrán abandonarnos?
Solamente el rezo podrá acercarlas de nuevo.
Volverán a descender sobre nosotros…
y nos iluminarán.

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