viernes, 11 de diciembre de 2015





¡Que mi Dios nos ayude!
Anoche, como en los más bellos días, en una de esas noches de diciembre —de luces artificiales, canto, alegría y gozo— las estrellas se posaban en mi triste corazón. ¿Lo ves?

Un batir de alas se alejaba en una hora de incertidumbre para La Nación y su destino, que a más de uno nos parece oscuro.

¿Era una señal del cielo?

Las estrellas no habían brillado tanto como a esa hora, pero parecían más distantes.
¿Por qué querrán abandonarnos?

Solamente el rezo podrá acercarlas de nuevo.
Volverán a descender sobre nosotros…
y nos iluminarán.


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