domingo, 6 de diciembre de 2015


Levántate y consuélate. Siente como tus músculos se contraen, tus venas murmuran y un hilo del alma, -como quien recoge del Kotel  una ramita de romero silvestre y la huele, se vuelve al muro, contiene los sollozos, ofrece todo lo que tiene, sin pedir nada, sin querer nada, luego, levantado y consolado-, se dispone a servir, al que ama.

Y de nuevo en mí, todas las razas me perturban, como cuando _¿recuerdas?_: me bastaba ver el mar Caribe y el mar Mediterráneo, escuchar el rumor de las olas para sentir el milagro de la antigua raíz de mi origen. 

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