A mis pies...
En la fría y húmeda tierra,
el entapizado de fina grama se extiende
a lo largo de desfiladeros y llanuritas inclinadas,
menudos pastos siempre verdes, vestidos de florecillas.
Más abajo, otros escalones
donde los silencios y las soledades reinan.
La tempestad tronadora persiste,
mientras la ganadería ocupa los espacios abiertos
de los páramos regados por arroyuelos límpidos y silenciosos.
Me hacen tanto bien,
como la mar azul y el bochorno pesado
de la mañana veranera,
como ese cielo sonriente
del Caribe y del Mediterráneo.
Y cada uno mostrando en su espíritu Su fuego.

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