jueves, 17 de diciembre de 2015



A veces París; y tú le miras.

Te escucho venir diurna de muy lejos,
y, me desperezo en esta imagen excelsa
de balcones corroídos de tu belleza
bajo amplias cortinas,
la marquesina blanca,
las luces medio apagadas
y el músico que duerme junto a su torre Eiffel.
Pocas imágenes conozco tan bellas,
inmunes sobre los recuerdos
con ese sabor tuyo desde mi boca
descendiendo por mi alma solitaria
y creyendo aspirar el acre deseo en las sombras.
Mi hija, que en la dulzura he criado,
con ojos extasiados y su boca llena de ti,
te ruego, seas materna con ella. 


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