A veces París; y tú le miras.
Te escucho venir diurna de muy lejos,
y, me desperezo en esta imagen excelsa
de balcones corroídos de tu belleza
bajo amplias cortinas,
la marquesina blanca,
las luces medio apagadas
y el músico que duerme junto a su torre Eiffel.
Pocas imágenes conozco tan bellas,
inmunes sobre los recuerdos
con ese sabor tuyo desde mi boca
descendiendo por mi alma solitaria
y creyendo aspirar el acre deseo en las sombras.
Mi hija, que en la dulzura he criado,
con ojos extasiados y su boca llena de ti,
te ruego, seas materna con ella.

No hay comentarios:
Publicar un comentario