Posees tu hora de dulce exquisitez con
tu Ópera en forma de herradura.
Posees de aquellos siglos, bajo el arco de tu
cielo sereno...
¡El baile de la Ópera!
Contra, al que en tiempos pasados se produjeron manifestaciones por la exuberante exhibición
de lujos y esplendores que derrochabas, pero, generosa, compartes esta vez
comidas para los vagabundos de la ciudad, a los que ofreces también, abrigos
y exámenes médicos. Y, reanimando una costumbre del siglo XIX, después de la caída
del telón de acero, has tenido como
invitado de honor, a tenores, sopranos, bailarines, actrices y hasta patinadores
de hielo.
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