Calma y Silencio
Era la una y cinco cuando nos arrimamos más frente a la colina. Tan
impregnada estaba de luz estrellar pareciendo flotar sobre el
Danubio. No me equivocaba imaginándola frecuentada por músicos,
poetas, escritores, pintores, astrónomos y toda clase de personalidades propias
del momento histórico en el esplendor del Renacimiento. De pronto, los
segundos parecían eternos, mi corazón palpitaba fuertemente, podía
escuchar la fiera del hocico de bronce con la percusión que se desliza del
torpedo zumbando con rabia sobre el blanco alcanzado y el estallido.
Pero no recuerdo más que una remota silueta ebria que se desvanece.

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