Nuestra día no tiene Sol
Me despido de estas conchas curtidas por
la sal que rebrillan blancas y entristecidas en el cautiverio, como en aquella
hora en que las separé repentinamente de su destino.
Mi dolor se endurece, se templa, tomando sus formas pálidas, o como un saco de arena salada, arrojado sobre una playa del Caribe, del Mediterráneo, esculpido a su aire. En cada una está encerrada el viento marino y el rumor del mar.
Las arrojaré más lejos que nunca.
Mi dolor se endurece, se templa, tomando sus formas pálidas, o como un saco de arena salada, arrojado sobre una playa del Caribe, del Mediterráneo, esculpido a su aire. En cada una está encerrada el viento marino y el rumor del mar.
Las arrojaré más lejos que nunca.
Vayamos a lo lejos a recogerlas de
nuevo.

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