martes, 8 de diciembre de 2015



Nuestra día no tiene Sol

Me despido de estas conchas curtidas por la sal que rebrillan blancas y entristecidas en el cautiverio, como en aquella  hora en que las separé repentinamente de su destino. 

Mi dolor se endurece, se templa, tomando sus formas pálidas, o como un saco de arena salada, arrojado sobre una playa del Caribe, del Mediterráneo, esculpido a su aire. En cada una está encerrada el viento marino y el rumor del mar. 

Las arrojaré más lejos que nunca.

Titubeo unos instantes…, la profunda compasión palpita en mi corazón.


Vayamos a lo lejos a recogerlas de nuevo.  


No hay comentarios:

Publicar un comentario