Sobre la mesa tosca,
las fotos.
Detrás de una nube de fuego rosado,
un rayo de sol de montaña aparece.
Los pájaros repiten el coro de la mañana,
su canto se funde
entre los troncos
y los frailejones,
como si voces y frondas
se compenetraran.
Todo aparece lánguido,
salvo el ruido de las motocicletas
que desdeña
las languideces de la alborada.
Dulce en la memoria,
parece fluir desde ese Norte
el recuerdo que aún conservo
en el extremo destino de mi destierro:
el ruido del mar,
de mi mar,
de la mar Caribe.
La Capital, domingo 13 diciembre de 2015

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