He aquí el jardín
que me conduce hacia los abriles,
a través de hojas de profundo canto,
hacia las flores que respiran.
¡Mira esta florecilla!
No es blanca, sino oscura.
No es de lino, sino de seda.
Está vestida de luto:
lleva luto.
Es la flor de la ternura.
Su perfección es fugaz.
Un abejorro devoró su corazón.
Hay que inclinarse
y besarla.
Misterio de la naturaleza:
puede convertir un jardín
y una flor
en una sola tristeza,
como esos eucaliptos plateados
que, con sus aromáticas ramitas,
tiemblan bajo el viento
de la montaña azul.

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