Me detengo ante este espectáculo sutil de la naturaleza. Mis ojos están
llenos de hebras luminosas tan vivas que parecen meditar, y que parecen inmortalizadas en la imagen alegórica y trasplantada
de una red que vi sacar en una playa del Caribe, llena de blandas medusas que
se transparentan a través de la noche. Y no sé por qué me da la sensación del
silencio en un vergel del sueño desenvuelto en lenta armonía, que crea una
pausa en las voces lacerantes de la Capital. Su perfección es fugaz. No le falta
más que abrirse de instante en instante.

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